- Recipiente de barro, metal o cristal
- Cuchara o palo de madera
- Caja de madera
- 250 ml de aceite
- 250 ml de agua
- 42 gr de sosa cáustica
¿QUÉ VAMOS A HACER?
- Echa en un recipiente el agua y la sosa cáustica. Al preparar la disolución observarás que se desprende calor, este calor es necesario para que se produzca la reacción.
- Añade, poco a poco, el aceite removiendo continuamente, durante al menos una hora.
- Cuando aparezca una especie de pasta blanquecina habrás conseguido tu objetivo. Si quieres que el jabón salga más blanco puede añadir un producto blanqueante, como un chorrito de añil; para que huela bien se puede añadir alguna esencia.
- A veces que por mucho que removamos, la mezcla está siempre líquida, el jabón se ha "cortado". No lo tires, pasa la mezcla a una cacerola y calienta en el fuego de la cocina. Removiendo aparecerá de nuevo el jabón.
- Echa la pasta obtenida en una caja de madera para que vaya escurriendo el líquido sobrante.
- Al cabo de uno o dos días puedes cortarlo en trozos con un cuchillo.
PRECAUCIÓN:
La sosa cáustica es muy corrosiva y debes evitar que entre en contacto con la ropa o con la piel. En caso de mancharte lávate inmediatamente con agua abundante y jabón.
NOTAS:
- El jabón que se consigue es muy suave al tacto, debido a que lleva glicerina que se obtiene como subproducto de la reacción.
- Si quieres más cantidad puedes utilizar, por ejemplo, las siguientes proporciones:
- 3 litros de aceite
- 3 litros de agua
- 1/2 kg de sosa caustica
BIBLIOGRAFÍA:
centri5.pntic.mec.es
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